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Casi 16 años después, el crimen de un remisero continúa impune

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Tenía 29 años y lo mataron en octubre de 2001 en un aparente intento de robo. Los delincuentes lo ultimaron de cinco balazos y dejaron su cuerpo al costado de la ruta 12. Dos testigos vieron a uno de los asesinos, pero su testimonio perdió fuerza con el tiempo.

La tarde del 1 de octubre de 2001, un llamado de alerta movilizó a los policías de Empedrado. Un automóvil estacionado a casi 200 metros de la Ruta Nacional N° 12, cerca del acceso a la ciudad, hizo pensar a varios conductores, que se había producido un siniestro vial. Pero lo que ocultaba era algo más oscuro. A pocos metros encontraron el cuerpo acribillado de José Elías Oliva, un remisero, de 29 años, a quien presuntamente intentaron robarle el auto. Hubo un único imputado por el crimen, pero tres años después, la Justicia decidió que era inocente, la causa volvió a cero y quedó así desde entonces.

Los detalles del crimen sacudieron a la opinión pública. Oliva trabajaba para una empresa de remises de la Capital y ese día, se encontraba haciendo unos recorridos por la zona del centro. Según revelaron luego los investigadores, pasadas las 16, él subió a un grupo de al menos tres hombres en inmediaciones de la clínica Iberá, porque eso fue lo que avisó a la base a través del radio.
José le dijo a la operadora que los pasajeros le indicaron que querían que los lleve hasta San Cayetano, a unos 15 kilómetros de la Capital. Él accedió y en una de las últimas conversaciones, avisó que iba por la avenida Maipú para salir a ruta. Después el último contacto, con un mensaje preocupante: iba a seguir un poco más lejos por pedido de los hombres y le quedaba poco combustible.
El automóvil Siena blanco con dominio BSY-987, nunca pasó por el puesto de peaje. En la reconstrucción del recorrido, determinaron que luego del control provincial cerca del Riachuelo, el vehículo desvió por un camino vecinal de San Cayetano y retomó la ruta casi un kilómetro después, a metros de donde finalmente encontrarían al conductor muerto.
MISTERIO
Para los peritos, el móvil del crimen fue un intento de robo. A José lo hicieron bajar del auto, caminaron un par de metros y lo acribillaron de cuatro balazos por la espalda y uno más en la cabeza. Murió en el acto y ellos pretendieron escapar en el automóvil. Pero nunca hicieron caso a la última advertencia de la víctima y efectivamente, casi 200 metros más adelante, se quedaron sin combustible.
Del grupo de delincuentes se supo poco y nada. Pero fueron dos personas, quienes dijeron haber visto caminar a unos sospechosos cerca del auto parado a la vera de la ruta. Una fue la propietaria de la casa más cercana a dónde se detuvo el auto. El otro, su vecino.
Después de que se supo del asesinato, ambos denunciaron que un grupo de hombres abandonó el auto. Pero la complicación fue que, la mujer no pudo reconocer a ninguno, y el hombre sólo notó los rasgos de uno de los desconocidos. Dijo que tenía el cabello largo, usaba una remera y short y nada más.
La investigación que se inició después, permitió la demora de varios hombres. Pero en la rueda de reconocimiento, de la que participaron ambos testigos, sólo se resultó con la aprehensión de un único imputado por el crimen. Era Oscar Alfredo Lipchak, el hombre de cabello largo.
Pese al intenso trabajo, sus cómplices parecieron esfumarse. Nadie más vio nada, ni se volvieron a tener datos. Ni siquiera hallaron el arma calibre 38 milímetros con la que asesinaron al joven remisero.
Lamentablemente, estos testimonios fueron las únicas pruebas que la Justicia encontró viables, y perdieron validez con el paso del tiempo.
El juicio se llevó a cabo a mediados de 2004 y con un fallo polémico (ver abajo), absolvieron a Lipchak. Adujeron que no había evidencias suficientes y pese al reclamo familiar, el caso quedó archivado y sin resolver.
Un duro golpe para el rubro

El asesinato de Oliva y el mal manejo de la investigación que pasado un tiempo no generaba novedades, provocó la movilización de los compañeros que tenía en el rubro. Organizaron manifestaciones en reiteradas oportunidades y pidieron justicia, aunque no tuvieron respuestas.
Una publicación de un diario local, un día antes del juicio de 2004 decía: “Un grupo de remiseros efectuó ayer una manifestación frente al edificio Patono, sede de la Cámara del Crimen que tiene a su cargo el juzgamiento de un individuo que asesinó de varios balazos a un trabajador”.
“El crimen sucedió el 1 de octubre de 2001 cuando un individuo asaltó a Oliva José Elías en momentos en que éste transitaba por ruta 12, en inmediaciones de la localidad de Derqui, en el Departamento Empedrado”, agregaron.
El imputado era Alfonso Lipchak quien hasta entonces estaba procesado por el Juez de Instrucción y estaba a la espera de la sentencia del tribunal en el juicio oral.
“Un grupo importante de remiseros se manifestó frente a la sede de los tribunales para solicitar, a viva voz, que el acusado sea condenado y que esta condena sea de tal magnitud que sentara precedente”, completaban.
La duda que liberó al único imputado

Toda la familia y los amigos de Oliva esperaban que el juicio llegara a término con la condena de Lipchak, sin embargo, una serie de complicaciones fueron la causa de que el único imputado quedara prácticamente sobreseído.
El principal argumento de la defensa del acusado fue el principio “in dubio pro reo” que refiere a que “en caso de duda se favorece al reo”. La duda era, que los testigos eran la única prueba fehaciente contra Lipchak. Sólo se tenían sus testimonios, porque nadie más los vio en el momento en que se cometió el crimen. Y con el correr del tiempo, la capacidad de memorización de los detalles se fueron perdiendo.
Sobre el hombre que adujo haber visto a Lipchak y luego lo apuntó en una rueda de reconocimiento, dijeron que era un hombre mayor. Y que la distancia entre el vehículo y el lugar en que estuvieron los testigos, no eran suficientes como para que lograran distinguir a los hombres.
A eso sumaron que no había otras pruebas, como el arma homicida, o que el resto de la banda que asaltó al remisero, nunca fue encontrada. “Sólo tenían los testimonios y eso no era suficiente”, se quejaba después de la absolución el padre del hombre asesinado.
En 2008, se volvieron a tener novedades sobre el hecho, con el pedido de remoción de los jueces de la causa, pero a pesar de todo el movimiento, tras una decisión favorable al pedido, no volvió a haber avance alguno.
El LIBERTADOR

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