Inicio Historia de Empedrado La Explosión del “Guarany” – 27 de diciembre de 1919

La Explosión del “Guarany” – 27 de diciembre de 1919

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En la placidez de aquella mañana otoñal, mirando correr el rio desde la costa, allí donde comienza la calle 9 de julio y termina el murallón de piedras, de lo que antes fuera el puerto de Empedrado, llego a mi mente, partiendo de la bruma diletante del pasado, el recuerdo de un estremecedor titular periodístico de diario “El Liberal” de Corrientes:

Vapor “Guarany” acaba de estallar. Parece reventó maquinas. Estallido repercutió haciendo temblar tierra. Rio cubierto de cadáveres y restos náufragos. Sucesivamente mandare más datos. Todo el pueblo ayuda al salvataje.

El periódico tenia fecha 27 de diciembre de 1919, reproducía telegrama enviado por su corresponsal desde Empedrado, y estas pocas palabras sintetizaba una verdadera tragedia, que conmovió profundamente la tranquilidad empedradeña. Veamos qué habría pasado: Una lujosa nave, de lo mejor que tenía la Empresa Mihanovich, había partido de Buenos Aires (Dársena Norte) en el día 25, conduciendo a bordo 230(*) personas, entre pasajeros y tripulantes, viajaban en primera clase, entre otros notables personajes, el recientemente nombrado Ministro Plenipotenciario de nuestro país ante la República del Paraguay Doctor Eudoro Vargas Gómez, el Diputado Nacional Doctor Antonio Gómez y el viejo líder socialista Doctor Alfredo Palacios.

El 27 de diciembre estaba el “Guarany” frente al puerto de Empedrado, esperando para efectuar la maniobra de embarque y desembarque de pasajeros, algunos botes cargados con los mismos esperaban la señal, eran las 6,30 la campana anuncia la hora de la cena, la maniobra se suspende, minutos más tarde de las 7,15 momento en que los pasajeros comían, el vigía observo que cinco sospechosos se embarcaban en un bote por la popa del buque, en forma simultánea, se produjo una gran explosión en el interior del buque que lo estremecióEl pasaje, salió a cubierta presa del pánico, se trató de imponer orden para la evacuación del buque, que se hundía rápidamente, arrastrando con su casco a numerosas víctimas inocentes” La catástrofe llegaba, cientos de gritos simultáneos se dejaron oír, y el “Guarany” se desplomo, en el inmutable rio, hecho astillas por la explosión de calderas y maquinarias “reinaba una confusión asombrosa, restos del buque, por doquier se veían hombres, mujeres y niños tirados sobre la arena no daban señales de vida”

La trágica estadística, dolorosa pero imprescindible, nos indica que sobre un total de 177 víctimas, las mismas se distribuyeron así 103 muertos ahogados, 74 entre heridos y desaparecidos, si consideramos que eran 230 los tripulantes, resultarían solamente 53 ilesos.

Lo único que llegara a feliz término fue la captura de los sospechosos que huyeran en el bote, quienes supuestamente eran agentes de espionaje brasileños, que obraban contra el ministro Vargas Gómez que llevaba, “Pliegos Secretos” de gran interés y comprometedores para ese país, el suceso del hundimiento del Guarany, provoco muy serias implicancias diplomáticas, rotura de relaciones, que nos colocaron al borde de una Guerra con el Brasil, investigaciones posteriores declararon al naufragio como un acto de sabotaje.

Las múltiples y sombrías caras del desastre afloraron, en casi todas sus expresiones, esa tarde-noche en nuestra costa, entre gemidos y llantos, muertos y heridos una escena desgarradora (nos relata así el cronista del El Liberal) “Los lamentos de mujer hirieron mis oídos, corrimos a su lado, en sus brazos sostenía a una criatura de corta edad, que había expirado, por la mucha agua ingerida. Ella, mujer joven aun, pertenecía a la sociedad, volviese loca y lloraba. De repente comenzó a correr y nosotros en su persecución, pero ya fue inevitable. Había llegado a una roca que cerca del lugar donde nos hallamos se encontraba y desde allí se arrojó al agua, desapareciendo. Vana fue su busca, la fuerte corriente y los remolinos en dicho lugar hicieron imposible hacer el salvataje” (Sic).

Para perpetuar, de alguna manera esta trágica historia del naufragio, para honrar a esa madre ignorada, que lindo seria, que, como una forma emblemática del amor materno, se erigiera en ese lugar (o próximo) un monumento recordatorio.

Por Juan Carlos Vallejos

 

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