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La Atlántida Correntina

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Por Juan Carlos Vallejos.


No, estas no son las ruinas de una prehistórica civilización desaparecida, tampoco de un misterioso imperio perdido, esto es real, existe, hoy y aquí.

En sentido metafórico podríamos decir que estas pertenecieron a la Atlántida Correntina, sepultada por el mar de la incomprensión, de la falta de visión gubernamental de lo que este fabuloso proyecto de ambiciosas proyecciones podría significar eventualmente, para el turismo provincial.

Esto no es de ninguna manera lamento plañidero de algo que no pudo ser, solo pretendo interpretar el mudo mensaje que estos informes restos parecieran expresar.

Rescatando de ese pasado fastuoso e irreal, algo que pareciera obvio, de carácter axiomático, irreversible, que dice que: la instalación de la Ciudad de Invierno, en ese lugar, no obedeció a causas antojadizas, ni aleatorias, muy por el contrario, se procede a la elección del emplazamiento luego de un meduloso estudio de las condiciones climáticas que arrojaron como resultado: 16 grados de temperatura media invernal lo que nos coloca si hacemos un cuadro comparativo de las ciudades invernales del mundo en un plano de igualdad con Venecia 14º, Niza 16º, San Remo 14º, El Cairo 18º teniendo además la ventaja de no sufrir variaciones bruscas de temperatura (diurna – nocturna) con la humedad relativa ambiental en el grado necesario para las funciones normales del organismo humano, con luminosidad del ambiente, el que se ve favorecido por un gran número de días de sol radiante en los que la atmosfera límpida y transparente hacen especialmente grata la sensación de vida.

Se trataba, por otra parte, de menguar el prestigio creciente de Asunción (del Paraguay) como centro de turismo invernal y don Pedro Luro, visionario estratega del incipiente turismo nacional, pensó hacer de Mar del Plata, centro de turismo veraniego “La Perla del Atlántico” y de Empedrado, centro de turismo invernal “La Perla del Paraná”.

El proyecto, después de su fase inicial en 1913, no pudo concretarse por circunstancias especiales, eso ya fue, pero las condiciones naturales que lo motivaron subsisten y estos argumentos son eslabones de la cadena con la que pretendemos unir un pasado de nostálgicas añoranzas con un futuro promisorio de grandes realizaciones.

Por Juan Carlos Vallejos

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